Ante estos enfrentamientos Gaddafi para frenarlos decidió hacer uso de la
aviación y el control de ciudades por los manifestantes, derivando en un enfrentamiento armado.
Esta situación en la que se encontraban el pueblo libio comenzó a trascender por todo el mundo y a raíz de que se confirmasen que las medidas tomadas por el gobierno de Libia contra los protestantes atentaban contra los derechos civiles y la seguridad de la población civil, intervino una alianza de países amparados en una resolución de las Naciones Unidas.
A fines del mes de febrero algunas ciudades de la zona occidental del país cayeron también bajo el control de los contrarios a Gadafi, quedando Trípoli, la capital del país, rodeada de ciudades controladas por los manifestantes.
Poco a poco el ejército gaddafista, que había estado a la defensiva, empezó una ofensiva en el este y en el oeste, cambiando la situación a principios de marzo.
A nivel internacional, la crisis en Libia tuvo consecuencias en la economía: el euro bajó y el precio del petróleo aumentó en gran escala. Millones de ciudadanos residentes en el país huyeron del conflicto hacia países vecinos, generando una crisis humanitaria, en la que se prevén necesidades masivas de ayuda humanitaria en un grado muy superior a lo que podría ser habitual.
Muchos países del Occidente manifestaron un gran rechazo hacia el gobierno de Gaddafi exigiendo su renuncia. La Liga Árabe suspendió la membresía de Libia y apoyó el establecimiento de una zona de exclusión aérea contra dicho gobierno y finalmente el 17 de marzo de 2011 el Consejo de Seguridad mediante la Resolución 1973 declaró el establecimiento de una zona de exclusión aérea autorizando a los Estados miembros de la ONU el uso de «todas las medidas que sean necesarias» para proteger a la población civil de Libia.
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